La plaza de Puerta Cerrada, muy cerquita de la Plaza Mayor, es un buen punto de partida para continuar la ruta de las tapas por el barrio de La Latina, porque de ella arranca la Cava Baja, una de las calles de más tradición en este recorrido gastronómico y en el centro del Madrid castizo. Junto a los clásicos La Chata, con su llamativa fachada de azulejos, y Casa Lucio, cuyos huevos rotos son famosos en el mundo entero y han dado nombre a una taberna en la misma calle, se descubren otros locales más modernos, como Casa Lucas. Esta pequeña taberna es un lugar ideal donde empezar la tarde disfrutando de una caña bien tirada, una escogida selección de vinos que se renueva frecuentemente y una buena carta de tapas creativas. Aunque también es buena elección La Camarilla; de ambiente bullicioso y alegre ofrece propuestas tan sugerentes como una brocheta de verduras y gambas en tempura, un montadito de bacalao con pimientos y cebollas estofadas o los más típicos callos a la madrileña.
No muy lejos queda otra taberna imprescindible El Almendro, en la calle Almendro, 13, que ha hecho de los huevos estrellados con patatas y jamón su especialidad, aunque también saben bien sus almendritos de chicharrones y, sobre todo, sus magistrales roscas de pan rellenas de morcilla o de muchas otras variedades.
En la calle San Mateo triunfa Olé Lola, una tasca moderna donde se aúna lo cañí con lo cosmopolita, con tapas bastante curiosas y cócteles para acabar la velada. En el barrio de Chueca una recomendación: Baco y Beto, donde probar sus croquetas de espinacas, de cabrales, morcilla… o sus tostas, canapés y tostadas siempre como complemento a una copa de vino, a elegir entre una larga carta escogida con meticulosidad y criterio. Y en Malasaña, La Ardosa, que con siglo y medio de vida sigue atrayendo por su ambiente castizo, su tradición cervecera y, especialmente, su tortilla de patata con cebolla, todo un placer gastronómico.
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