Lluisa y su hija Sara, amantes de la alta montaña, regentan este confortable y tranquilo refugio situado a sólo un kilómetro de distancia de las pistas de esquí de La Molina. Se enmarca en una finca de 3.000 metros cuadrados de jardín con un pequeño lago y disfruta de unas visitas pirenaicas para enmarcar.
Todo en él parece ideado para encandilar a los alojados, desde su limitada capacidad –sólo siete habitaciones–, a su decoración, con la piedra y la madera como protagonistas, pero cada una distinta del resto. Si te lo puedes permitir reserva la suite, con hidromasaje y jacuzzi, y, si viajas en familia, las dúplex abuhardilladas son las tuyas. La guinda la ponen los menús que ofrecen sus propietarios a la hora de la comida, basados en productos de la Cerdanya, momentos que no te podrás perder.
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