Y si quieres seguir disfrutando de la isla, no te pierdas:
- El pintoresco caserío de Ajuy, con sus casas bajas pintadas de blanco y azul, que contrastan con el oscuro paisaje que lo envuelve, y su puerto de la Peña, rodeado por la negra playa de los Muertos.
- Recorrer el evocador paseo marítimo de la capital de Fuerteventura, Puerto del Rosario, y visitar en ella el museo de Unamuno, una de sus más ilustres y forzados visitantes.
- En Tefía, a 12 kilómetros, el ecomuseo de La Alcogida, un curioso poblado que recrea la vida rural tradicional de las familias campesinas de Fuerteventura.
-Visitar la iglesia de la Candelaria y la Casa de los Coroneles en La Oliva, que fue capital de la isla hasta 1860. Muy cerca se localiza la sagrada y mágica Montaña de Tindaya.
-El pulcro caserío encalado de Betancuria, dispuesto en torno a su principal monumento: la antigua catedral de Santa María, y el parque rural de Betancuria.
-Los blancos caseríos de Antigua, con numerosas muestras de arquitectura tradicional, como los molinos de gofio, que hablan de la tradición cerealista de la zona. También el castillo de Caleta de Fuste y las salinas del Carmen, del siglo XVIII, en pleno funcionamiento.
-El pueblo de La Lajita, de donde arrancan las caravanas de camellos que se internan en excursión por los barrancos cercanos. De camino a Puerto del Rosario se pasa por un curioso zoológico que incluye un jardín de cactus. No dejes de acercarte a la tranquila localidad de Las Playitas, con su puerto de pesca artesanal, sus blancas casas encaradas a la montaña y una pequeña playa de piedras negras. Muy cerca queda la Punta de la Entalladas, presidida por un estratégico faro.
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