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Experiencias únicas
Semaforo-de-Ba
Dormir en los faros del fin del mundo
Para quienes sueñan con convertirse, aunque sólo sea por una noche, en vigilantes del mar

Pocos lugares han servido tanto de fuente de inspiración a poetas y pintores como los faros, y con ellos los fareros, a los que todavía hoy es imposible despojar de su imagen romántica y aventurera. Localizados en acantilados de vértigo, playas solitarias y rincones paradisíacos, muchos de ellos han dejado de orientar a los barcos en la oscuridad y tras su perfecta estampa, acogen ahora a huéspedes que sueñan con convertirse, aunque sólo sea por una noche, en vigilantes del mar.

En la Costa da Morte, en el litoral más despiadado de España, los faros y sus fareros han sido durante siglos intermediarios casi espirituales entre los marineros y el mar. La Torre de Hércules, que en realidad es un faro romano, el más antiguo del mundo, es el mejor de los testimonios, como también los de Muxía, Laxe o Roncudo. Dormir en esta costa indomable, con el potente arrullo de las olas, tras ver atardecer en “el fin del mundo”, resulta tan poético como los versos de Luis Cernuda, cuando imaginaba ser “un diamante que gira advirtiendo a los hombres”. El hotel O Semaforo, junto al faro Finisterre, pone la bravura del océano a disposición de los huéspedes que se alojan en sus cinco habitaciones, con vistas únicas hacia el Atlántico.

Algo más al norte, se puede dormir también en El Semáforo de Bares (tel. +34 981 417 147), una antigua base de la marina española situada a 210 metros de altura. La panorámica desde este rincón de la península de Estaca de Bares es una elocuente descripción de lo que significa dominar el horizonte.

Una vez en este entorno, y en plena ruta farera, no dejes de entrar en el restaurante Faro de Punta Caballo (tel. 661 12 29 87), ubicado en las antiguas dependencias de este faro situado en el norte de la Illa de Arousa. No sólo ofrece una amplia panorámica de la ría y la isla de Sálvora al fondo; también pone sobre la mesa los productos que traen los pescadores, a los que se puede ver regresar de la faena.

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