Ávila es un clásico que sorprende. Al lado de sus calles medievales, de su impresionante muralla o de sus iglesias románicas, bulle todo un mundo de sensaciones que tiene a la gastronomía, y en especial a las pequeñas delicias de sus tapas, como principal atractivo. Y a sólo una hora de Madrid, perfectamente comunicada por tren o por carretera.