
Naturaleza, gastronomía, sabor rural, ambiente cosmopolita y, por supuesto, sol y magníficas playas. En la isla de Mallorca, la mayor de las Baleares, el abanico turístico es inmenso. Grutas, pinares, salinas y sierras conforman un paisaje extraordinario en el que las playas son sólo la cara más conocida. En la sierra de la Tramuntana, los picos superan los 1.400 metros de altitud y a través de ellos se pueden realizar numerosas rutas de senderismo.
A sólo una hora de navegación, el islote de Cabrera es un reducto de naturaleza en estado puro. Deià, Pollença o Valldemossa son algunos de los pueblos más pintorescos de la parte rural de la isla. A pocos kilómetros, Palma de Mallorca, encrucijada de culturas, ofrece una magnífica muestra de arte gótico y modernista, una divertida vida nocturna y una gastronomía mediterránea de verdadero lujo.
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