De carácter salvaje y estilo paradisíaco, las playas de Papagayo son, en el sur de Lanzarote, uno de los grandes tesoros naturales de las Islas Canarias. En Papagayo todo es singular: el azul transparente de sus aguas, los roquedos basálticos que decoran las playas, los restos de la primera ciudad del Atlántico sur, San Marcial del Rubicón; pero, sobre todo, los siete kilómetros de arena que, repartidos en varias ensenadas, se funden durante la bajamar en un continuo espectáculo.
Aquí el clima es árido, desértico y el sol, de justicia. En este entorno, ni un hotel ni una urbanización a la vista, tan sólo los bañistas y las embarcaciones de recreo que navegan rumbo al islote de Lobos o en dirección al estrecho de la Bocayna, límite entre Lanzarote y Fuerteventura.
El acceso a las playas exige pagar un peaje de tres euros a los vehículos motorizados en las horas establecidas. Entre todas ellas, la de Mujeres resulta la más familiar y concurrida por su cómodo acceso a través de campos de ceniza y lava. Pero más encanto derrocha la caleta de Papagayo, en la punta rocosa del mismo nombre y que sirvió hasta mediados del siglo XX de fondeadero natural del sur de la isla canaria.
Las salvajes playas de Papagayo suponen la cuidada prolongación de los magníficos parques nacionales y tesoros de la isla, como los Jameos del Agua o la cueva de los Verdes. Además guarda una riqueza geológica única, además de histórica, ya que es el área más antigua del archipiélago.
Localización
Desde Arrecife, tomar la LZ-2 que lleva hasta Playa Blanca. Antes de llegar a ella, aparece un ramal de 4 kilómetros, primero de asfalto y luego de tierra.
Longitud
Cala de Papagayo, 120 metros; Playa Mujeres, 395 metros; Caleta del Congrio, 130 metros.
Anchura media
Cala de Papagayo, 15 metros; Playa Mujeres, 85 metros; Caleta del Congrio, 10 metros.
Tipo de suelo
Arena blanca y fina.
Oleaje
Aguas tranquilas.
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