El Parque Nacional de Timanfaya es el resultado de cientos de conos volcánicos que emergieron hace unos 300 años sobre los entonces fértiles valles del oeste de Lanzarote, y que cambiaron para siempre la orografía de la isla.
Las intensas erupciones modelaron un paisaje árido y pétreo, que hoy es un laboratorio natural donde estudiar el vulcanismo reciente, su riqueza biológica y el gran número de endemismos vegetales y animales que protege.
A lo largo de los cerca de cuatro kilómetros del itinerario, se observa una variada representación del vulcanismo canario: hornitos, tubos o túneles, lapillis, bombas volcánicas, lavas de diversos tipos, minerales aflorados por las erupciones y antiguos cráteres hoy dormidos.