Ríos de lava, conos volcánicos y montañas de roca negra conforman el Parque Nacional del Teide, el más antiguo de los parques canarios.
El pico del Teide –de 3.719 metros de altura– domina majestuoso el gigantesco circo de Las Cañadas, una inmensa caldera doble originada por el hundimiento de varios volcanes que encierra, entre sus paredes acantiladas, un privilegiado muestrario de formas, relieves eruptivos y colores. Este extraordinario paisaje de contrastes es un monumento geológico de los más espectaculares del mundo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. A la sombra del Teide crece todo un universo vegetal y animal único, con un alto porcentaje de especies vegetales endémicas y una exclusiva y elevada fauna invertebrada.
Una carretera atraviesa el Parque y un teleférico conduce hasta las inmediaciones de la cumbre, sometida a la erosión producida por más de dos mil visitantes anuales, que no pueden resistirse a la atracción que ejerce esta maravilla, aislada, como en un anillo, en el centro de Tenerife.