La aventura americana que hace más de cinco siglos emprendieron conquistadores trujillanoscomo Pizarro, Orellana o García de Paredes en Perú, el Amazonas o Venezuela se traduce en cada rincón de esta bella localidad de la provincia de Cáceres en un edificio majestuoso.
La Plaza Mayor, presidida por la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, es el mejor testimonio. Aquella que en otro tiempo albergó mercados, ferias y espectáculos, es hoy el centro de la ciudad nueva, un espacio amplio, desnivelado y con soportales en torno al cual se vive y se contempla la historia de la ciudad.
Las calles ascendentes conducen a la ciudadela, asentada sobre el cerro granítico en el que despunta el castillo que los árabes levantaron en el siglo IX. Casas nobles con escudos en las fachadas, balcones de esquina, conventos, torres, iglesias y recoletas plazuelas preceden a la fortaleza, desde la que se disfruta de una amplia vista sobre el conjunto monumental. Desde este punto, el más alto del recinto amurallado, se descubren algunos de los edificios más sobresalientes de Trujillo, como las iglesias de Santa María o Santiago, la casa de los Pizarro o los palacios de Piedras Albas, de la Conquista o de los Duques de San Carlos.