En el camino de Santiago, poco antes de llegar a Puente la Reina, es obligado detenerse a contemplar este misterioso templo románico de Santa María de Eunate. Es una de las iglesias más bonitas, sencillas y sugerentes de la ruta jacobea y se alza solitaria e imponente en un llano y abierto paisaje. Al crepúsculo o al amanecer, la visión es, si cabe, aún más sobrecogedora.
Su extraña planta octogonal, inspirada en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, y la original galería porticada de 33 arcos, con capiteles decorados que la circunda la hacen diferente a cualquier otro templo de este estilo. Se cree que fue construida en el siglo XII por los caballeros templarios, aunque su origen y su inquietante y sobrio interior, de marcado carácter esotérico, sigue avivando el interés de esta iglesia cargada de leyendas que fue capilla-faro, lugar de culto cristiano, hospital de peregrinos y cementerio donde éstos recibían sepultura.