Rodeado de un espeso bosque en el que se mezclan encinas, robles, madroños y boj aparece presidiendo las escarpadas laderas de la
sierra de Leire el monasterio benedictino de San Salvador, uno de los principales hitos del
Camino de Santiago a su paso por Navarra. Considerado como uno de los conjuntos monásticos más importantes de la Edad Media en España por su relevancia histórica, fue sede episcopal, corte y mausoleo de los primeros reyes navarros.
Desde el punto de vista artístico, el monasterio de Leire constituyó un foco fundamental para la consolidación del arte románico al sur de los Pirineos. Sus restos más antiguos son visigóticos y sobre ellos se construyó una arcaica cripta románica, considerada uno de sus tesoros. Consta de cuatro naves, separadas por tres arcadas paralelas, con capiteles de gran tamaño y fustes de poca altura. Encima se alza la iglesia abacial que todavía conserva sus tres ábsides semicirculares del más puro estilo románico de mediados del siglo XI.
Al templo se accede por la denominada
Porta Spaciosa, del siglo XII, atribuida al mismo autor de la fachada de las Platerías de la catedral compostelana. El maestro Esteban fue capaz de reunir en su delicada escultura toda la fantasía y singularidad de la más pura iconografía románica.
Leire fue fundado como un monasterio benedictino, aunque posteriormente pasó a estar en manos de monjes cistercienses. En la actualidad, la Comunidad Foral de Navarra lo ha cedido a sus primitivos moradores, la orden benedictina, para su cuidado y funcionamiento. Todos los veranos el templo acoge la entrega del
premio Príncipe de Viana en un acto presidido por el príncipe Felipe de Borbón.