Enclavada en el agrícola barranco de Tenoya, esta población del norte de la isla ha sabido conservar todo el tipismo tradicional en sus bien trazadas y anchas calles. La localidad también es un importante centro de peregrinación. Su basílica recuerda la milagrosa aparición de la Virgen sobre un gran pino en el año 1484, suceso que motivo la devoción a la patrona de Gran Canaria.
La plaza de Teror es el centro neurálgico de la villa y en ella se pueden apreciar las llamativas y típicas balconadas de madera de vivos colores de la arquitectura canaria. Es una plaza amplia y en ella se levanta la basílica de Nuestra Señora del Pino. La que comenzó siendo una pequeña y modesta iglesia en el siglo XVI, fue ampliada y convertida en la basílica dos años después y en ella destaca la elevada y octogonal torre de estilo barroco portugués y la venerada imagen gótica de Nuestra Señora del Pino. El templo se levanta en la plaza
En el casco antiguo de Teror también merece la pena conocer la Casa de los Patronos, un palacio de comienzos del siglo XVII que fue la residencia de verano de la familia de los Manrique de Lara, patronos perpetuos de la Virgen del Pino. Además de conservar un encantador patio canario, en sus estancias se ha instalado un museo en el que se muestran los objetos que pertenecieron a sus ilustres propietarios.
Teror también es uno de los municipios más idóneos para la compra de objetos artesanos más característicos, como la cestería, la latonería, la talla de madera, calados, macramé, bordados, trabajos de barro y caña, telares o el ganchillo, que se pueden adquirir en el extenso mercadillo que se sitúa junto a la basílica todos los domingos. A ello se une la excelente gastronomía que avala al pueblo, especialmente sus chorizos de untar y morcillas dulces y los dulces de las monjas del Císter.