
Calas solitarias ocultas entre acantilados rojizos y rodeadas de pinedas; otras extensas y tranquilas, de arena fina y aguas claras poco profundas; parques naturales, pinturas prehistóricas; campos de arrozales; imponentes fortificaciones construidas por árabes y templarios; pueblos marineros y villas de montaña conforman el gran tesoro que esconde esta recortada costa de la provincia de Tarragona, en el extremo sur de la comunidad autónoma de Cataluña.
Las aguas tranquilas del río Ebro, el más caudaloso de la península Ibérica- modelan este territorio conformado por una diversidad de espacios que ha cautivado a lo largo de los siglos a todo tipo de civilizaciones, quienes ha dejado un importante legado natural y cultural en estas tierras, lo que se traduce en sus tradiciones, monumentos, lengua y también en el carácter de la gente.
Las calas de L’Ametlla y El Perelló, los antiguos caminos de ronda que recorren la costa, L’Ampolla, los espacios vírgenes del Parque Natural del Delta del Ebro, las montañas del Parque Natural dels Ports; las pinturas prehistóricas que conforman el Arte Rupestre del Arco Mediterráneo, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, las playas arenosas de Amposta, Sant Jaume y Deltebre o Tortosa son paradas de un recorrido por este litoral que tiene como principal eje de comunicación la autopista AP-7.
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