
Alrededor de la Catedral, las calles y plazas empedradas proporcionan un laberinto de recovecos plagados de arte y de misterio. Los soportales ofrecen la imagen acogedora de una ciudad lluviosa y romántica. La plaza de Quintana, con el antiguo cementerio; la rúa Vilar, con sus aceras porticadas; la plaza de Cervantes, de pasado mercantil y testigo de autos de fe de la Inquisición; la rúa Preguntoiro, con sus caseríos del siglo XIX y principios del XX; la calle de Algalia de Abajo, una de las arterias donde se asentaba el antiguo barrio judío; y la calle Franco, la más visitada de la ciudad y alma del casco antiguo, son zonas donde perderse y disfrutar de sus bares y restaurantes en los que degustar productos típicos.
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