
En los acantilados rocosos del monte Igeldo se erigen las tres esculturas de acero en forma de interrogantes que creó Eduardo Chillida. Se eligió este lugar, al final de la playa de Ondarreta -límite de la ciudad- porque allí acudía el escultor para admirar el poder del mar encarándose contra las rocas. El arte y la naturaleza se funden en este lugar mágico, y las esculturas, incrustadas en las rocas, se alzan como parte del paisaje. En 1977 finalizó Chillida su obra más conocida y más admirada fuera de San Sebastián, ya que una parte de la sociedad provinciana y conservadora de la época vio recelosa el cambio de paisaje al final de la playa de la Concha. 25 años después, San Sebastián rindió un homenaje póstumo al autor con la inauguración oficial de esta obra, una de las más emblemáticas de la ciudad.
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