Buena parte de la vida social vasca gira en torno a la gastronomía. Desde hace más de siglo y medio, los vascos –sólo hombres- han hecho de las famosas sociedades gastronómicas una especie de segundo hogar donde comparten recetas y, sobre todo, “comen y cantan”, como reflejan los estatutos de la primera sociedad gastronómica de la que se tienen noticias. Ahora han empezado a admitir mujeres, pero tradicionalmente han sido los hombres los que pasaban las horas entre fogones preparando merluza, trucha, bacalao, judías de Tolosa, revueltos de setas, txangurro o anchoas a la cazuela, platos típicos de la cocina vasca. Fuera de las sociedades gastronómicas, los famosos pintxos en los bares de tapeo, sobre todo del centro, son el principal reclamo de la vida social vasca. Se suelen acompañar con un vaso de sidra o sagardua, como la llaman aquí, elaborada con manzanas de la región. A toda esta tradición se suma la nueva cocina vasca, una de las mejor consideradas del mundo, con nombres de la talla de Juan Mari Arzak, que tiene su restaurante en San Sebastián.
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