
La gastronomía madrileña es una síntesis perfecta entre los platos de las clases populares, afianzados a fuerza de eficacia en los menús familiares, y la alta cocina (nacional e internacional), demandada por un público pudiente cada vez con más ganas de innovar y de vivir nuevas sensaciones. Más de tres mil restaurantes preparan cada día sus mesas en Madrid, con propuestas para todos los gustos y todos los bolsillos. Además de los grandes, siete de ellos (Sergi Arola Gastro, Santceloni, Alboroque, La Terraza del Casino, El Chaflán, Zalacaín, Zaranda y el Club Allard) premiados con estrella por la prestigiosa Guía Michelín, en los últimos tiempos han proliferado en la capital las propuestas originales, algunas de ellas vinculadas al encanto del lugar en que se ubican (como los restaurantes del Teatro Real o de los museos Thyssen y Reina Sofía) y otras a una nueva manera de entender la cocina a través de los sentidos: el gusto, la vista y el olfato, por supuesto, pero también el tacto y el oído.
Cocina madrileña
El cocido, servido en sus tres tandas (sopa, garbanzos, y carnes y verduras), se sitúa a la cabeza de una larga lista de platos entre los que figuran el potaje de vigilia, las sopas de ajo y de almendras, los callos o los caracoles a la madrileña, la lombarda, la gallina en pepitoria y el besugo o el bacalao a la madrileña (incluidos los “soldaditos de Pavía”, donde se sirve el bacalao sin espinas envuelto en pimiento rojo). Una larga tradición confitera, en buena parte ligada a las celebraciones festivas, incluye dulces como los roscones de Reyes (Navidad), huesos de santo y torrijas (Semana Santa), rosquillas ‘listas’ y ‘tontas’ (San Isidro), barquillos, bartolillos, pestiños, buñuelos de viento y, por supuesto, chocolate con churros y porras.
Vinos
Además de los tradicionales vinos blancos de Madrid, generalmente elaborados con las uvas malvar y albillo, en los últimos años se han sumado tintos y rosados de gran calidad procedentes de alguna de las tres denominaciones de origen de la región madrileña: Navalcarnero, San Martín y Arganda. Aunque el tapeo, en general, se acompaña de riojas, riberas del Duero, valdepeñas o ruedas, cada vez son más las tabernas especializadas en vinos donde la posibilidad de elegir entre diferentes etiquetas nacionales o internacionales es muy amplia.
Tapas
Salir de tapas, acompañando al vino o la cerveza con pequeñas raciones gastronómicas (generalmente gratuitas, pero de pago si son de mayor cantidad) es una de las costumbres que mejor definen la manera de relacionarse de los madrileños. Las zonas de Sol, Plaza Mayor, Santa Ana, Huertas, La Latina, Chueca o Malasaña son algunas de las más concurridas para el tapeo, pero en todo Madrid se puede disfrutar de especialidades gastronómicas propias (entresijos, callos, gallinejas…) y de otras traídas de todos los rincones de España, desde el pulpo a la gallega hasta los pescaditos a la andaluza, pasando por los zarajos de Cuenca o la paella valenciana, sobre todo los domingos. Algunas viejas tabernas, como Casa Alberto (de 1827, en la calle Huertas, 12), Antonio Sánchez (de 1830, en Mesón de Paredes, 13) o Labra (de 1860, en Tetuán, 12) mantienen este ‘arte’ desde el siglo XIX.
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