Heredera de la romana Complutum y más tarde ciudad de las tres culturas, Alcalá de Henares presume de ser la ciudad que vio nacer a Miguel de Cervantes. Quien se adentra en las calles empedradas de su casco viejo, declarado Patrimonio de la Humanidad, queda fascinado por el encanto de sus torres, campanarios y espadañas, coronadas siempre por nidos de cigüeñas. La calle Mayor, donde se admiran soportales del siglo XIX, casas típicas y la casa natal de Cervantes convertida en museo, es la principal arteria de Alcalá y une sus dos plazas principales: la de los Santos Niños, presidida por la catedral magistral de los santos Justo y Pastor, y la plaza de Cervantes, corazón de la ciudad.
A un lado se abre la fachada plateresca del Colegio Mayor de San Ildefonso, la antigua Universidad fundada en 1499 por Cisneros y donde se formaron las figuras más insignes del Siglo de Oro español. Desde los primeros tiempos de la antigua Universidad, Alcalá ha tenido un especial tono religioso, que se ve plasmado en la gran cantidad de edificios y conventos que circundan la urbe. El Palacio Arzobispal, donde se entrevistaron Isabel la Católica y Cristóbal Colón antes de partir a descubrir nuevos mundos, el convento de San Bernardo y el oratorio de San Felipe Neri son algunos ejemplos. Interesantes son también los restos de la muralla que circundó la villa en época medieval y la casa Hyppolytus, del siglo I d.C., un claro ejemplo de su pasado romano.
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