
Su particular orografía, al estar situada en lo alto de una gran escarpadura que se asoma al río Tajo, requiere siempre de un calzado cómodo para poder aprovechar al máximo las posibilidades de la ciudad. Sin duda en Toledo la mejor receta para adentrarse en los misterios de la ciudad es, sencillamente, perderse por el laberinto de sus calles dejándose llevar por la intuición. Las limitaciones del casco histórico hacen poco aconsejable la utilización del automóvil, si bien la ciudad está rodeada por varios aparcamientos, como el de la puerta de Alfonso VI, el de Santa Úrsula o el corralillo de San Miguel, junto al Alcázar. El tren neumático Zocotrén realiza una visita completa por la ciudad y sus alrededores, incluida la visión panorámica desde los cigarrales. Además de las visitas guiadas a la carta, diferentes empresas realizan todo tipo de propuestas imaginativas y sugerentes para recorrer Toledo de una manera especial, al hilo de sus muchos perfiles. Las visitas nocturnas, en verano, son una de las opciones más deslumbrantes para conocer la ciudad.
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